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25 de agosto de 2009

- LEYENDAS: ANTONIO DÍAZ MIGUEL.

ANTONIO DIAZ MIGUEL.
El seleccionador del «boom».




No habrá podido cumplir su último gran sueño: dirigir al Real Madrid de baloncesto y llevarlo al título de la Euroliga. A Antonio Díaz Miguel, sin que quizá él supiese exactamente de la gravedad del mal, su dolencia lo corroía aprisa, y se lo llevó el 21 de febrero, a los 66 años. El seleccionador nacional por antonomasia durante 27 años, que lo fue todo en el mundo del baloncesto, pasó los ocho últimos de su vida alejado del primer plano, con fugaces pasos por un par de clubes, mientras muchos negaban el pan y la sal al técnico que colocó este deporte en primer plano mundial.
Unos, los más, recordarán al seleccionador triunfante de Los Angeles (1984), pero otros nunca perdonaron al técnico cuestionado de los Juegos de Barcelona (1992), con aquella derrota ante Angola que acabó con la parte principal de su carrera, y le siguieron llamando «diosmiguel». El técnico manchego, siempre tan expresivo «de eso, nada, coqui», y más de una vez jactancioso, dejó muchos amigos y unos cuantos enemigos irreconciliables.


Su biografía:
Antonio Díaz Miguel (423 partidos). El suyo es un caso único en la historia del deporte mundial. Nadie ha permanecido 27 años al frente de un equipo nacional, lo que resulta curioso para un hombre que llegó al puesto casi por casualidad y como una solución de emergencia para un breve espacio de tiempo.Fracasada la fórmula de llamar como responsable de la selección al entrenador del club más destacado del momento, la Federación Española decidió la contratación de un tecnico estadounidense que había impresionado durante unas conferencias en España, y con un extraordinario bagaje de éxitos en su historial: Ed Jucker. Todo parecía atado y bien atado, pero Jucker, aunque llevó al conjunto junior, no tuvo ocasión de dirigir al equipo grande ya que terminó en la NBA al frente de los Cincinnati Royals del mítico Oscar Robertson.
Pero nada de ésto se sabía cuando hubo que afrontar un torneo amistoso en los Paises Bajos. A la espera de que se incorporase Jucker, Anselmo López pensó en Antonio Díaz Miguel, un manchego de Alcázar de San Juan nacido el 6 de Junio de 1933, ex-jugador de Estudiantes y Real Madrid que había sido 26 veces internacional.Antonio estaba en los 32 años de edad y tenía un corto bagaje como entrenador. Había comenzado en el madrileño Colegio Chamberí y el llorado Paco Díez le había dado la oportunidad de dirigir al Águilas en Primera División. El equipo bilbaino, com Miles Aiken de estrella, había cubierto una buena campaña y Antonio comenzaba a estar de moda. Se llamó a Díaz Miguel para ese torneo, y más o menos se le prometió que podría quedarse junto a Ed Jucker como segundo de abordo cuando éste se incorporase. Aceptó. Y allí se quedó 27 años.

Ya hemos dicho que Jucker no llegó a incorporarse al puesto que tenía reservado y, como Antonio había dado nuevos aires al equipo nacional, en el que habían desaparecido las tensiones como por ensalmo, se le dió una nueva oportunidad para que dirigiese al conjunto en el Mundial Extraordinario que se jugaría en Chile en 1966. La reciente nacionalización de Clifford Luyk le permitió reforzar el punto débil del equipo, el de pivot, y el resultado fue halagüeño. España jugó como nunca lo había hecho antes y no se encontró motivo alguno para que se marchase Antonio una vez que se descartó definitivamente la incorporación del americano Jucker.En 1967 volvieron las dificultades. Ausente por lesión Luyk, la selección causó una paupérrima impresión en los Juegos del Mediterraneo de Túnez. Inmediatamente después, nuevo fallo, esta vez en el Europeo de Helsinki, Finlandia. Para colmo volvieron los problemas: Anselmo López castigó a Monsalve y Antonio no le utilizó mientras pudo evitarlo, pero cuando tuvo que recurrir a él, Moncho se comportó fabulosamente y éso significó que el mejor reboteador del torneo, Alfonso Martínez, apenas jugase el último día, con el consiguiente enfado del aragonés.Al regresar a España, Raimundo Saporta, a quien Anselmo López había encomendado la selección, tenía ya su hombre para hacerse cargo del equipo nacional: Ignacio Pinedo, que había destacado en el Estudiantes y tenía a su cargo a los juniors y al equipo de estatura por debajo del 1'80. En el último momento Ignacio renunció y se dió una nueva oportunidad a Díaz Miguel. Desde entonces ya no se cuestionó al entrenador ni en los momentos de mayor penuria, como los que siguieron al terrible fracaso en el Europeo de Lieja en 1977.
Con Díaz Miguel la selección vivió momentos mágicos, incluyendo tres medallas de plata, una olímpica (Los Ángeles'84) y dos europeas (Barcelona-1973 y Nantes-1983) y otra continental de bronce (Roma-1991). También hubo decepciones, sin duda, pero el balance global de tan larga etapa fue positivo: Antonio transfirió a la selección un nuevo espíritu de equipo y contribuyó decisivamente al éxito de este deporte en España, con sus logros en el campo, incluyendo un cuarto puesto inolvidable en el mundial de Cali-1982. Pero también su personalidad contribuyó a forjar la leyenda: cursos, conferencias, coloquios, presencia en televisión, incluso promocionando una enciclopedia de baloncesto. Antonio fue el hombre de moda durante muchos años y quizás debió retirarse cuando estaba en la cumbre de su fama.

Pero con los años Díaz- Miguel se había identificado de tal forma con su puesto que no veía el momento de dejarlo. Ni siquiera tras el fallo lamentable de los Juegos Olímpicos de Barcelona-1992. En algunos periódicos se hablaba de que algunos jugadores no le querían al frente del equipo y de que había llegado el momento de sustituirle. Tras el mazazo de la derrota ante Angola, Antonio se defendió en público: "Yo no soy culpable". Pero la cuestión no era si tenía o no tenía rezón. La oposición a él había crecido y la Federación Española pensó que se imponía cerrar un ciclo. No hubo renovación de contrato para el técnico y Díaz Miguel, tras un largo y fructífero periodo al frente del equipo, queda apartado de la selección.Desde entonces, unos pocos meses al frente del Canrú en la Liga italiana y Antonio que no se resigna al olvido. Luego entrenaría al Pool Getafe, pero ya por poco tiempo, y tras esto se retiraría definitivamente.

Aquel 10 de agosto de 1984.





"La plata también brilla, deslumbra, enorgullece a unos aficionados que han cambiado el sueño por la satisfacción de ver a su Selección subir al podio olímpico. Más no se puede pedir, se ha conseguido lo que se perseguía para culminar una trayectoria ascendente que nos ha emparejado durante cuarenta minutos a quienes más saben de este deporte. Estados Unidos ha ganado. No podía ser de otra manera, pero nuestra selección le ha hecho frente, con un corazón ¡así de grande!" Así empezaba el primer párrafo de la crónica de MARCA aquel sábado 11 de agosto de 1984. Aún se ponen los pelos de punta.
Los Corbalán, Epi, Margall, Iturriaga, Jiménez, Romay, Solozábal, Martín, Llorente, Beirán, Arcega y De La Cruz habían obrado el milagro. Habían dejado a media España sin dormir y habían conseguido que todo el mundo llegase feliz al trabajo o al colegio. Nunca el baloncesto español estuvo tan alto. Sí, se perdió ante Estados Unidos, el equipo de Jordan, de Ewing, de Mullin, de Asford, de Robertson, de Koncak, una de las mejores selecciones de la historia. ¿Y qué?
Díaz Miguel fue el artífice de tal éxito. Desde su modestia, nada más acabar la final se presentó ante la Prensa y dijo: "tendremos que aprender la lección". Antonio sacó una lectura positiva a una derrota segura, pero se negó a reconocer la inferioridad de España. Simplemente, repitió en su mente el planteamiento del partido y pensó que algo más podía haber hecho. Nosotros sí tendremos que aprender la lección, no la de la plata de Los Angeles, la de Antonio Díaz Miguel, el mejor técnico del basket español.






Pocos lo recuerdan ya, pero Díaz Miguel fue jugador, y buen jugador para su época, antes que técnico. Le sobraban facultades físicas, y a principios de los años 50 era sobre todo un jugador interior, desde lo alto de su 1,85 de estatura. Fue una vocación tardía: era futbolista, y bueno; capitaneaba el equipo del Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid. Cuando en 1950 se funda el Estudiantes de baloncesto, se apunta y aprende a jugar a los 17 años. Muy técnico no era, pero su fuerza y su determinación lo llevaron a una carrera bastante destacada en el equipo estudiantil y luego en su eterno rival, el Real Madrid. Fue varias veces seleccionado, pero le tocó vivir una época oscura de nuestro baloncesto, cuando los Juegos Mediterráneos eran la máxima competición en la que se aspiraba a competir.
De 1952 a 1959, sus 26 partidos internacionales se repartieron entre amistosos y los Mediterráneos de 1955 y 1959. De su último encuentro con la camisola roja es su récord anotador en la selección: 16 puntos... pero España perdió frente al Líbano. En aquellos años de semiprofesionalismo, o quizá semiamateurismo, las carreras deportivas no duraban mucho tiempo porque había que ganarse la vida, y Díaz Miguel no era una estrella. Por eso ya estaba, a los 32 años recién cumplidos, trabajando como técnico en el Aguilas de Bilbao cuando la selección entró en crisis. La dirigía en aquel momento Pedro Ferrándiz, entrenador madridista, una dualidad polémica de funciones, y más cuando el Juventud de Badalona le acusó de haber intentado fichar a sus jugadores Buscató y Fa aprovechando una concentración en Torrelavega, en el verano de 1965, después del Campeonato de Europa. Ferrándiz dimitió.
La Federación Española podría haber esperado para encontrar un sustituto, pero estaba comprometida la participación en un torneo en Amsterdam para el mes de noviembre. Hacía falta alguien, y quien estaba más a mano era Díaz Miguel, contratado temporalmente, en espera de que el norteamericano Ed Jucker pudiera hacerse cargo del equipo en 1967. Era una apuesta personal de la «eminencia gris» del baloncesto español, Raimundo Saporta. Pero Díaz Miguel lo hizo bien, y el contrato temporal se iría prorrogando hasta 1992, un larguísimo período durante el cual pasaron por sus manos varias generaciones de jugadores y se conquistó en Los Angeles el mejor puesto de la historia. Tras Amsterdam, al entrenador novel se le dio su primera oportunidad: un Mundial oficioso en Chile, al verano siguiente.

Desde allí, Díaz Miguel no regresó a España, sino que viajó a Cincinnati, cuya universidad entrenaba Jucker. Este no era ningún «don nadie», sino ya un mito del baloncesto universitario: unos años antes, con el gran Oscar Robertson, había ganado dos títulos y alcanzado otra final. Jucker viajó a España a dirigir la selección junior, con Díaz Miguel de ayudante, y allí fue donde el manchego descubrió otra forma, técnica y metódica, de entender y preparar el baloncesto. Descubrió América, y durante la mayor parte del resto de su vida haría las Américas con sus viajes anuales para observar y aprender al lado de los mejores. Jucker nunca se instalaría en España, pero siguió siendo, pese a los maledicentes que decían que Díaz Miguel había maniobrado para mantenerse en el puesto, buen amigo del entrenador español durante toda su vida. Hubo de todo, desde un descenso a la segunda división europea hasta un lastimoso décimo puesto en el Mundial de Argentina (1990), en el recorrido de Díaz Miguel. Pero, sobre todo, hubo éxitos notables.
Empezó en los Juegos Olímpicos de México de 1968, en la que España quedó en séptimo lugar gracias en parte a la incorporación de su primer pívot de talla mundial: el nacionalizado Clifford Luyk. Mayor éxito aún fue el del Campeonato de Europa de Barcelona en el que se venció a la URSS por primera vez, en partido inolvidable de Miguel Angel Estrada, y se conquistó la primera medalla de plata desde la «prehistórica» de 1935, tras Yugoslavia. Otra medalla del mismo metal llegaría 10 años más tarde en Nantes (Francia), tras Italia. Y, en Roma, en 1991, un bronce: el último gran éxito de Díaz Miguel.
Entre medias, otros hitos: quinto puesto en el Mundial de Puerto Rico (1974), cuarto en Colombia (1982) y otra vez quinto, tras una malhadada derrota ante Brasil, en el de España (1986). España, con una base estrecha de jugadores, cuyas características físicas no eran además idóneas para este deporte creado para la gente altísima, se había habituado a vivir en la elite mundial. Ese éxito duradero pasaría cruel factura más tarde a Díaz Miguel, cuando pareció perder el control de sus jugadores y llegaron los resultados menos lisonjeros. Fuera de las canchas, Díaz Miguel se había labrado una buena carrera en el mundo de las representaciones de moda, y su matrimoniocon Mary Carmen le daría dos hijas, Almudena y Elsa, antes de pederla de cáncer en 1980.
Sus visitas de cada enero a Bob Knight, a Dean Smith, a John Wooden y a Lou Carnesecca alimentaban en Díaz Miguel esa pasión por una ensañanza metódica, pormenorizada, por un control en el juego sin renunciar a la velocidad española de siempre. No siempre se le entendía bien, porque aquí sonaba mucho de ello a cosa foránea, artificiosa. Mientras funcionó, nadie se quejaba. Luego... Sólo una gran alegría tras dejar la selección: en 1997, su elección al Hall of Fame de Springfield, donde es el único español en ese museo de lo más grande del baloncesto.
Antonio Díaz Miguel Sanz, jugador y entrenador de baloncesto, nació en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) el 2 de julio de 1933 y falleció en Madrid el 20 de febrero de 2000.


Los téxtos y fotos puedes verlos en:
http://www.marca.es/
http://www.elmundo.es/2000resumen/diazmiguel.html



En http://www.guardandolapizarra.com/ se hace referencia a esta anecdota la cual os copio como se describe en dicha página.


De todos es sabido la admiración absoluta de Díaz Miguel con Juan Antonio San Epifanio.
Cuenta la leyenda varias anécdotas al respecto:
Partido complicado de España ante un rival inferior (la memoria de la leyenda falla, en caso de encontrar la información se actualizará). Epi el último en el banquillo. Juanito de la Cruz, a su lado, da un codazo a Llorente:
-¡Epi!
-¿Qué?
-¡Epi!
Llorente da un codazo al siguiente (la leyenda no especifica de quién se trataba):
-¡Epi!
El mensaje va pasando por el banquillo como en el juego infantil, pero sin perder información. Cuando llega a Díaz Miguel, salta como un resorte:
-¡Epi!, ¡Epi! ¡Cambio! ¡Pide cambio! También cuenta la leyenda que, tras un partido, le preguntaron a Antonio Díaz Miguel por qué había tardado tanto en sacar a Epi en la segunda parte, y su respuesta fue,…, ¡sincera!:
- Se me olvidó…
¿Quizá se trata del mismo partido de los codazos en el banquillo?


Actualización Agosto 2013:

Os dejo esta perla en forma de vídeo...



Y " EL PARTIDO" del que tanto y tanto se ha hablado durante tantos años....

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